Andrés Manuel López Obrador, fue investido ayer, aniversario de la Revolución Mexicana, por sus seguidores como “presidente legítimo” de México en un zócalo lleno de simpatizantes como un recordatorio de su capacidad de movilización popular.

López Obrador, quien no reconoció su derrota ante Felipe Calderón en las pasadas elecciones presidenciales del 2 de julio, prometió en sus discurso de “toma de posesión” defender a los pobres y combatir la corrupción y los cobros excesivos en servicios públicos y privados.

“Estamos aquí congregados porque ante el fraude del 2 de julio decidimos declarar abolido el régimen de corrupción y privilegios, y comenzar la construcción de una nueva República”, dijo el líder izquierdista al inicio de su discurso.

López Obrador delineó su programa de “gobierno” que se apoyará en legisladores del Frente Amplio Progresista, que conforman los partidos de la Revolución Democrática (PRD), del Trabajo (PT) y Convergencia, para llevar al Congreso iniciativas de ley. El programa de 20 puntos y con tres ejes contempla la defensa del pueblo, de la democracia y del patrimonio nacional.

El líder izquierdista eligió como guía espiritual al presidente Benito Juárez, un indígena que tuvo en el siglo XIX una presidencia itinerante contra la invasión francesa.
La “investidura” de López Obrador recibió fuertes críticas de analistas y detractores políticos, quienes calificaron el acto de hoy de “locura”, “ridículo” y “broma”.

Legisladores de izquierda y simpatizantes de López Obrador preparan actos para boicotear la investidura de Calderón, programada para el 1 de diciembre en el Congreso, cuya seguridad ha sido reforzada.

En el Zócalo, López Obrador volvió a mandar “al diablo a las instituciones”, como lo hiciera después de que perdió las elecciones del 2 de julio, pero esta vez dijo que en aquel entonces debió decir “al diablo con las ruinas de instituciones que nos quieren imponer”.

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